Somos aquello que hace la pregunta

por Silvia Mamana


“¿Cuál es la verdad última acerca de nosotros mismos? Varias respuestas se presentan por su propia cuenta. Somos un fragmento de materia estelar desviada. Somos máquinas físicas; marionetas que conversan, ríen y mueren bajo la mano del tiempo que tira de los hilos. Pero hay una respuesta elemental ineludible. Somos aquello que hace la pregunta.”
Sir Arthur Eddington(1)

Comencé a hacerme preguntas sobre que nos pasa a nosotros, los que trabajamos con nuestro cuerpo y con el cuerpo de los otros, y cómo abordamos el tema de manejar un camino propio de crecimiento personal y profesional.
Pinta tu aldea y pintarás el mundo, dijo Dostoievsky. Puesta a escribir sobre la experiencia de los trabajadores corporales, me doy cuenta que únicamente puedo escribir sobre la mía, esperando que la misma pueda resonar en otros.

El cuerpo de los trabajadores corporales

“El cuerpo del actor es la expresión máxima y definida del teatro.”
Jerzy Grotowsky

Somos aquello que hace la pregunta.
Siempre consideré nuestro trabajo como un arte, el arte de la escucha y de la expresión.
A diferencia de otros artistas (los músicos y los escultores, por ejemplo), el instrumento expresivo con que cuentan actores y bailarines son ellos mismos, sus propios cuerpos. Son al mismo tiempo instrumento y ejecutante. Deben conocer su herramienta de trabajo, pulirla constantemente. A diferencia de los escritores y los pintores, que eligen el momento para crear, ellos están obligado a hacerlo a la hora establecida para la función, y durante el tiempo que ésta dure. Su arte es presentista, por lo cual tienen que cuidar su instrumento, tenerlo siempre afinado y obediente para que les responda en el momento fijado.
Al igual que éstos últimos, nuestra herramienta es el cuerpo, y debemos tenerla preparada y viva a la hora de una clase, o de una sesión individual.
Afinar el instrumento implica entrenar la capacidad de escuchar, no sólo con el oído, sino con todos los sentidos: “oír” y “hablar” con las manos, invitando al cuerpo de los otros a abrirse a nuevas experiencias, “tocar” con la palabra a través de una consigna, “oler” la energía que circula en el espacio, “saborear” un clima, percibir hasta el más mínimo movimiento, interno o externo(2) que nos permita mantener un diálogo activo, de cuerpo a cuerpo, con el otro.
Reconozco que cada vez tengo más dificultad para encontrar la forma de hablar “del cuerpo” sin disociar, sin convertirlo en un “alter ego”, como dice David Le Breton. Cuando digo “el cuerpo dice”, “escucho al cuerpo”, en realidad estoy queriendo decir “me digo”, “me escucho”. Lo que le pasa a mi cuerpo me pasa a mí.
Los distintos métodos que forman parte del campo creciente de la educación somática tratan de salvar esta dicotomía, poniendo el énfasis en la experiencia corporal directa contrapuesta a la interpretación del cuerpo que hace la mente. En una somatización(3) (o corporización) reemplazamos el término “mover el cuerpo” por “el cuerpo me mueve”: los huesos, los músculos, los órganos inician el movimiento. Dice Bonnie Bainbridge Cohen:
“Uso la palabra "somatización" para incorporar de manera directa la experiencia cinestésica, en contraste a la "visualización", que utiliza la imaginación para evocar la experiencia cinestésica. A través de la somatización, las células del cuerpo están informando al cerebro tanto como el cerebro informa a las células.”(4)
En este hecho de cultivar el arte de la sensibilidad, la piel se nos va afinando hasta hacerse transparente. Percibimos tanto hacia fuera (el cuerpo de nuestros pacientes o alumnos) como hacia adentro (el movimiento y sensaciones de nuestros propios cuerpos). Aprendemos a conocerlos y a conocernos, en un viaje de descubrimiento que nunca deja de sorprendernos.

La tarea del trabajador corporal

“Es el cuerpo el que recuerda, no la mente.”
Peter Brook

Somos aquello que hace la pregunta.
Los que trabajamos en las distintas ramas de lo corporal tenemos el privilegio de poder ganarnos la vida haciendo lo que nos gusta, que es mucho decir. Consideramos como un compromiso el estar 100% presentes para nuestros alumnos o pacientes, independientemente de las circunstancias personales que nos toque vivir. A pesar de todo y de todos, intentamos dar siempre lo mejor, superarnos, tanto personal como profesionalmente.
Debemos estudiar y perfeccionarnos para saber cuándo tratar y cuándo derivar, y para poder mantener un diálogo fluido con los profesionales de la salud que también se ocupan del cuerpo y de la mente, pero de otra manera. Esta obligación que tenemos como profesionales no debe ser un obstáculo sino, por el contrario, servir de sustento para un mayor desarrollo de la intuición y la creatividad. Encarar nuestra tarea con “mente de principiante” implica abordar cada clase o sesión individual sabiendo a grandes rasgos qué es lo que vamos a hacer, pero abiertos siempre a escuchar y escucharnos, y a ese diálogo sin palabras con el cuerpo del alumno o del paciente. Que la selva de los conocimientos nunca nos confunda y nos impida ver el árbol, la persona que tenemos adelante.
A nivel profesional, somos acompañantes de un proceso de aprendizaje y crecimiento que realiza el individuo o el grupo con el cual trabajamos. Debemos poder alcanzar un nivel de compromiso que nos permita dejar de lado nuestras impresiones personales sobre lo que creemos correcto, para estar plenamente presentes y disponibles en cada momento para ellos.
A nivel personal, encaramos la tarea de enfrentar las exigencias de lo cotidiano con un instrumento abierto, sensible, receptivo. Tenemos los mismos problemas que todos los demás, pero escuchamos más, somos más permeables a las influencias del entorno. Nos encontramos con la realidad de ver que, a veces, esas puertas que abrimos no son tan fáciles de cerrar. Gran parte de nuestra tarea es poder mantener el instrumento afinado a pesar de las condicionantes externas. No somos inmunes a las influencias del entorno, todo lo contrario.
Se nos hace imprescindible entonces encontrar un sistema que nos permita volver al equilibrio, interno y externo.
Desde la mirada de BMC, es el mismo cuerpo el que nos da los recursos necesarios tanto para encontrar un equilibrio en nuestra tarea como facilitadores como para afrontar nuestra realidad personal. Esto incluye un aprendizaje tanto cognitivo como experimental de los sistemas fisiológicos, de los sentidos, de las dinámicas de la percepción, y de la evolución básica del movimiento desde el momento de la concepción. Los mismos principios que sustentan nuestra tarea profesional nos guían en nuestro viaje personal de exploración y crecimiento.(5)
Cada sistema y cada principio hace su contribución particular al movimiento del cuerpo-mente, pero todos son interdependientes, y proveen en conjunto un marco de soporte para nuestra expresión psicofísica. Podemos percibir algunos sistemas como afines a nuestra naturaleza, y otros totalmente ajenos a ella; nos expresamos habitualmente a través de algunos de ellos, mientras los demás permanecen en la sombra. Una forma de encontrar el equilibrio interior, y de relación con el entorno, es explorar la manifestación de aquellos sistemas más ajenos a nuestra expresión personal cotidiana, para permitir que “descansen” los que nos expresan siempre.
Para Grotowsky, la actuación, como arte, está más cerca de la escultura que de la pintura. La pintura implica la suma de colores, en tanto que el escultor elimina fragmentos del bloque de piedra hasta encontrar la forma que ya existe oculta dentro de él, revelándola, no construyéndola. Esto se asemeja en muchos sentidos a la tarea del trabajador corporal.

Los caminos

“Las técnicas y los principios en sí mismos no son el material:
el verdadero material es la percepción y la comprensión de cómo y cuándo utilizar
los principios y las técnicas, o cómo inventar los propios.
Lo importante para cada persona es poder aprender de qué manera aprenden,
confiar en su intuición y ser capaces de estar abiertos a los estilos únicos de otros.”
Bonnie Bainbridge Cohen

Somos aquello que hace la pregunta.
Muchas preguntas, quizá pocas respuestas para darnos, o para dar a nuestros alumnos / pacientes. Lo importante no es la respuesta, sino seguir formulando las preguntas que nos permitan crecer y superarnos.
“¿Me dirías, por favor, qué camino debo tomar desde aquí?
Eso depende de dónde quieras llegar.”
Lewis Carroll



Notas
(1) Sir Arthur Eddington (1882-1944) fue uno de los más eminentes astrofísicos de su tiempo. Hizo aportes significativos en el área de la física, siendo uno de los primeros científicos en desarrollar, junto a Albert Einstein, las ideas primitivas que dieron origen a la teoría de la relatividad.

(2) A la lista tradicional de 5 sentidos podemos agregar el sentido del movimiento, o propiocepción, que nos permite organizar la imagen corporal, y también la interocepción, relacionada con la percepción del ambiente interno. Algunos textos amplían la lista de las modalidades sensitivas y de los órganos de los sentidos a 21 (ver, por ejemplo, Ganong, Fisiología Médica págs. 129, 130).

(3) En BMC la palabra somatización está derivada del uso que hizo Thomas Hanna de la palabra "soma" para referirse al cuerpo que percibe en contraste con el cuerpo objetivado. Según Cohen, cuando el cuerpo se percibe a sí mismo, éste y la mente no son entidades separadas sino parte de una totalidad.

(4) Bonnie Bainbridge Cohen, Sensing, Feeling and Action, Contact Editions.

(5) Para una descripción de las características que cada uno de los sistemas aportan a nuestra expresión personal, ver artículos publicados por Silvia Mamana en las ediciones de Kiné dedicadas a los distintos sistemas fisiológicos (2002/ 2003/ 2004).

© Silvia Mamana, publicado en Kiné nº 71 abril / mayo de 2006